Los viajes inician con un libro

Por Carlos de la Rosa Vidal

El origen de mis viajes son los libros. Me traslado a innumerables destinos para hacerme, yo mismo, un libro por escribir. Mis cuadernos y yo sabemos que no hay más remedio que trasmutar los libros en viajes. La lectura es el germen para marchar a nuevos destinos. Regreso a escribir lo sucedido, a combinarlo con textos sobre sucesos futuros. Siento que un viaje. sin lecturas previas, es un flaco turismo de esclavo, con el permiso para oxigenarse unos pocos días para retornar a las galeras.

Viajo para hablar con jóvenes de poblados desconocidos. No llegaría hasta ellos, si un libro no me inspirara a conocerlos. Ante los libros prometí llegar hasta dónde me convocasen, fuese donde fuese, para conversar en público en ciudades impensables. Viajo para relatar de otros viajes.

No viajo para fotografiar piedras antiguas, sino para hallar en ellas, algún vestigio, que aún resuene, de manos antiguas. No me desplazo como turista, sino como un frecuente vecino, un viajero sin más señas. En un viaje llevo conmigo lo que soy, no viajo para traerme recuerdos muertos. Al concluir un viaje, regresa conmigo el rastro de una hospitalidad que humaniza, las construcciones vivas de los nuevos amigos que nos deja cada trayecto.

Regreso a casa, después de cien ciudades, y conmigo han vuelto las construcciones interiores de los individuos que me han compartido la cortesía. Viajar me desaparece y nunca vuelvo el mismo. Regreso hermano del sol de otra esquina. Un poco más rebelde y comprensivo, y con el deseo de emprender siempre la partida. A la llegada, me aguarda una tarde de escritura.

Viajo porque leo y escribo. Me asumiré como un artista viajero, cuyo arte de hablar y de escribir le hicieron marchar, más allá de su ciudad y sus fronteras. Mi afán es conocer a las personas, sus glorias, historias y costumbres. Soy un viajero. Quiero serlo con mayor extensión.

Llevo en mis viajes los escritos que me inspiran la vida y los libros. Escribo sobre las sorpresas de una tarde, las palabras de mis hijos y los ensayos íntimos de mi existencia. Escribo poesía en prosa. Mis conferencias son la expresión de mis ensayos y excitaciones de la vida. Soy un poeta en prosa dictando conferencias. No exijo que me llamen como yo me llamo. Solo me entrego a la libre licencia de ponerle nombre al modo de trabajar mi arte, ¿no es acaso viajar una licencia de estar vivo? Y el arte una prolongación de la licencia de respirar.

En mi primera oportunidad para hablar en público, a los once años, descubrieron mi pasión para hablar, un don que gobernaría hoy toda mi vida. ¿Qué resulta de la posesión de incontables libros en la casa de un adolescente, sino amor a la lectura? Y todo aquel que lee alguna vez, toma la posta y en homenaje a los maestros, escribe, ¿a dónde voy con la lectura, la escritura y la oratoria. sino hasta ciudades y los aires de extranjeros vecinos? Y hacerme a mí mismo extranjero. El arte, con la pasión que se le impregna, me lleva hacia mí y hacia los otros. Después de las lecturas, qué resulta sino un viajero. Un lector condenado, con felicidad, a viajar a próximos destinos aún sin nombre.

17 de mayo de 2019

Encuentros con la Juventud

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